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Rostros de Arví
Cuando los turistas se van y cae la noche, estos son los rostros que quedan, los que componen la vida diaría de Arví.
Andrés y Jaime, los hermanos más pequeños de esta familia, reciben sonrientes a los turistas en la intimidad de su hogar; ignorando la problematica del Parque.
Jaime aún regañado por su mamá, que le ordena ponerse la camisa, continúa sonriente y travieso como siempre.
Julian el hermano del medio recién llegado, nos recibe con ojos llorosos por un mal día de colegio.
Felipe, de los presentes, el hermano mayor; ya no tan sonriente como los menores, nos acoge afectuosamente.
Doña Clara, orgullosa madre todos estos niños nos da la acogida cordialmente, pero con cierto recelo.
Don Raúl, un silletero de Los Vasquez, nos habla feliz de todos los tipos de flores que tiene en su jardín, mientras acaricia un labrador, su mejor compañia en una tarde de trabajo.
Doña Rosa, comenta, nos habla de lo bien que se vive en Los Vasquez, a pesar de las protestas ocurridas en año anterior en Mazo, mientras mira su cria de conejos, que probablemente almorzara esa semana.
Cerca de el estadero El Tambo, nos encontramos con un niño que con tan solo 10 años trabaja herrando caballos y mulas.
Un pintoresco hombre de avanzada edad, en una tarde de viernes bebiendo cerveza en El Tambo.
De nuevo cerca de El Tambo, este singular personaje, se alista para su viaje a la finca, cargando de aguamasa para su mula.
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